Niñez, tradiciones e identidad cultural

Compartir las costumbres y tradiciones culturales propias de la época navideña tiene un gran impacto en la evolución y desarrollo de los niños. La temporada es ideal para transmitir valores esenciales como la gratitud, generosidad y tolerancia. También les ayuda a tener un sentimiento arraigado de pertenencia de grupo.

 

A través de los rituales se transmite la cultura familiar, lo que facilita que el niño conozca más sus raíces y se sienta orgulloso de ellas.

 

Adornar en familia el árbol navideño de la misma manera en que lo hacía la abuela –con caritas de Santa Claus hechas con cascarones de huevo, por ejemplo, o con cajitas de fósforo forradas con papel dorado, emulando regalitos colgantes- es una manera hermosa y muy efectiva de conectar con sus familiares, aunque ya no estén presentes. O involucrar a los niños en la realización de una receta especial que, de generación en generación, ha ido compartiéndose como un “secreto familiar”, aporta una sensación de legado, de compromiso familiar y unión profunda con los suyos.

 

A través de los rituales familiares, los niños conocen su pasado y su presente, lo que les va a permitir tener una identidad personal más consolidada en su futuro. Aunque los rituales se hagan más patentes en fechas especiales, en la mayoría de las familias también hay rituales a lo largo del año, como los desayunos en la cama los domingos o los paseos con el perro en familia, que van construyendo una particular manera de relacionarse. Estas costumbres, sean del tipo que sean, ayudan a que el niño desarrolle, con el tiempo, una mayor estabilidad emocional.

 

Como es lo natural, el nivel de ritualización en cada familia dependerá de los miembros que la conforman y de qué tan rígidos y constantes sean con esas prácticas cotidianas. Así, hay familias con baja ritualización, que se caracterizan por la ausencia o escasez de celebraciones en casa, salvo algunos cumpleaños. Otras, en cambio, son de ritualización más rígida, en las que son fieles a muchas tradiciones que nunca modifican, pero tampoco saben adaptarse a los cambios que se van dando, como la incorporación de un familiar extranjero con costumbres distintas, por ejemplo. Estas familias podrían tener mayor flexibilidad y saber adoptar cambios que podrían resultar positivos para el aprendizaje y la riqueza cultural del niño.

 

Si, además, la familia es marcadamente multicultural, el nivel de aprendizaje intelectual y emocional para los niños será mucho más amplio y diverso. Conocer pequeñas costumbres de otros países le abrirá la puerta a la curiosidad y respeto de la existencia de otras culturas.

 

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